“Por qué” no es la pregunta
correcta
¿Dónde y cuándo nace la pregunta
“por qué”?
Haciendo un poco de memoria, no
recuerdo haber escuchado a alguien decir ¿Por qué YO me saqué la lotería? ¿Por
qué YO no tengo cáncer? ¿Por qué a MI todo mundo me quiere?, y las mismas
preguntas, pero a la inversa, no sólo las he escuchado de terceros sino que
también han sido mis preguntas.
El problema no es cuestionarte,
sino el punto de partida de dichas preguntas, lo cual te llevaría a tu forma de
pensar, de sentir y sobre todo a tu forma de reaccionar frente a lo que te
pasa.
Lo más probable es que la pregunta
“por qué” nazca de la desilusión, o peor aun, de la desesperanza, que te lleva
en automático a tener miedo ante el futuro.
Pero no sólo eso, la pregunta
“por qué” te lleva a buscar las respuestas en el presente, ¡y que crees!, que
la mayoría de las veces no hay respuestas y entonces se vuelve un círculo
vicioso porque comenzarás a preguntarte ¿Por qué no veo las respuestas?, lo
cual nos lleva a una mayor desilusión o, peor aun –y lo repito otra vez–, a
aumentar nuestra desesperanza.
Entonces alguien con muy buena intención te dirá
“hay que aceptar la voluntad de Dios”, claro que así es pero, humanamente
necesitamos respuestas, porque "sólo aceptar la voluntad de Dios" nos lleva a una actitud pasiva de resignación o
en el peor de los casos a cuestionar la voluntad de Dios, porque si todo lo que
nos pasa es por voluntad de Dios y lo que me está pasando no me hace feliz,
conclusión, “Dios no quiere que yo sea feliz” y el mundo, o mejor dicho tu
mundo, se termina de derrumbar.
La pregunta “por qué” es una
pregunta “integral” –dicho con ironía– porque atrapa a toda la persona, sus
pensamientos, sus sentimientos, sus actitudes, sus sentidos y lo vuelca a sólo
ver el problema y, por lo tanto, todo lo grandioso de la vida desaparece de su
campo visual, aun sin que ella lo quiera.
Si la pegunta “por qué” no es la
correcta ¿por dónde hemos de empezar nuestra reflexión que es un volver a
nosotros que nos debe de llevar a salir de nosotros? La respuesta, aun cuando
parece sencilla no lo es, porque la pregunta adecuada ante los problemas o las
crisis es “para qué”.
¿Cómo podemos afirmar que el
“para qué” es más sano que el preguntarnos el “por qué”?
Primero porque "el para
qué" implica otra actitud, la cual nace de la fe, de la esperanza, porque
significa entonces que entiendes y aceptas que todo tiene una finalidad.
Segundo porque es una pregunta que forzosamente te apunta al futuro, a buscar
el propósito, no sólo de lo que te pasa, sino de tu vida entera, lo cual
implica que vuelques todo tu ser, tu inteligencia, tu voluntad, tu afectividad y
tus sentidos a lograr dicho fin y entonces buscarás la respuesta en lo que
eres, no en lo que te acontece. Tercero, y quizás lo más importante, te hace
responsable de tu propia vida.
La pregunta “para qué” es
verdaderamente integradora, ya que lograr la meta implica construir un proyecto
de vida, que alinee todas tus competencias y todos tus esfuerzos a conseguir
dicha meta y te dará la paciencia necesaria para soportar los males, que tarde
o temprano pasarán y, sobre todo, te hará ver como la realidad entera conspira
a tu favor, porque a donde vayas o estés, todo lo verás y escucharás como parte
del mensaje que te dice toda la realidad para que tú puedas lograr tu
propósito.
Guillermo Hernández Lee
Personal coach