jueves, 1 de junio de 2023

Olvido y perdón

 Hoy quiero hablar sobre el olvido y el perdón, dos elementos muy importantes y que intervienen en el proceso emocional y la sanación personal. Para ello explicaremos en qué consisten cada uno de ellos y cómo se relacionan.

 


El olvido se refiere al acto de dejar de recordar o retener en la memoria determinados eventos o experiencias. Puede ocurrir de forma natural a medida que pasa el tiempo, o puede ser un proceso consciente en el que una persona decide dejar de pensar en algo o alguien. El olvido puede ser pasivo en el sentido de que simplemente sucede con el tiempo, sin necesidad de una intervención activa por parte de la persona.

 Por otro lado, el perdón implica una acción consciente y activa por parte de una persona para liberarse de los sentimientos negativos asociados con una experiencia dolorosa. El perdón no significa necesariamente olvidar lo sucedido, sino más bien liberarse del resentimiento, la ira o el deseo de venganza que se pueden experimentar hacia la persona que causó el daño. Es un proceso que implica comprensión, aceptación y liberación emocional.


 Es importante tener en cuenta que el perdón no significa justificar o tolerar el comportamiento dañino de alguien. Más bien, es una elección personal que busca promover la sanación emocional y liberar el peso que llevamos dentro. El perdón puede ser beneficioso tanto para la persona que perdona como para la relación con la otra persona involucrada.

 Aunque el olvido puede ser un efecto natural del paso del tiempo, el perdón es un proceso activo y consciente que requiere reflexión y trabajo emocional. Al perdonar, uno puede encontrar una mayor paz interior y evitar que el resentimiento o la amargura afecten su bienestar emocional. Sin embargo, es importante recordar que el perdón no siempre es fácil y puede llevar tiempo. Cada persona tiene su propio ritmo y proceso para perdonar.

 En resumen, el olvido y el perdón están relacionados con la sanación emocional, pero son procesos diferentes. El olvido puede ocurrir de forma pasiva con el tiempo, mientras que el perdón es un acto consciente y activo que implica liberarse de los sentimientos negativos asociados con una experiencia dolorosa. Ambos pueden desempeñar un papel importante en la búsqueda de la paz interior y el crecimiento personal.

Dr. Guillermo Hernándea

Coach Emocional

martes, 2 de mayo de 2023

Felicidad, éxito y vida plena



El éxito y la felicidad son dos conceptos que a menudo se confunden y se utilizan indistintamente. Sin embargo, son dos términos que tienen significados diferentes y pueden conducir a resultados muy distintos en la vida.

El éxito se define como el logro de metas y objetivos. Esto puede incluir alcanzar cierto estatus social, ganar mucho dinero, tener un trabajo prestigioso o ser reconocido por los demás. El éxito se mide en términos externos y se basa en factores objetivos.

Por otro lado, la felicidad se refiere a la sensación de bienestar y satisfacción interna que experimenta una persona. Es un estado subjetivo que se basa en factores emocionales y psicológicos. La felicidad no depende de factores externos como el dinero, el estatus social o el reconocimiento, sino de cómo la persona se siente en su interior.
Es importante entender que el éxito no es sinónimo de felicidad. Muchas personas que han logrado grandes éxitos en la vida pueden sentirse infelices o insatisfechas. El éxito puede ser temporal y no garantiza la felicidad a largo plazo. Por otro lado, las personas que se enfocan en encontrar la felicidad en su vida, independientemente de su nivel de éxito, pueden experimentar un sentido de satisfacción duradero y una mayor calidad de vida.

Por esta razón, es importante buscar la felicidad primero y después el éxito. Cuando nos enfocamos en la felicidad, nos centramos en nuestras necesidades emocionales y psicológicas, lo que puede ayudarnos a tener una perspectiva más saludable y positiva de la vida. Al buscar la felicidad, podemos aprender a disfrutar del proceso de alcanzar nuestras metas, en lugar de enfocarnos exclusivamente en el resultado final.

Además, cuando buscamos la felicidad, estamos más dispuestos a aceptar el fracaso como parte del proceso de aprendizaje y crecimiento. En lugar de sentirnos desanimados por los obstáculos que encontramos en el camino, podemos verlos como oportunidades para crecer y mejorar.

En resumen, el éxito y la felicidad son dos conceptos diferentes que no deben confundirse. Es importante buscar la felicidad primero, ya que esto nos permite tener una perspectiva más saludable y positiva de la vida, disfrutar del proceso de alcanzar nuestras metas y aprender de los fracasos. El éxito puede ser una consecuencia natural de buscar la felicidad, pero nunca debe ser el objetivo principal.

Guillermo Hernández 
Coach emocional
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guhernan@coachmental.mx

miércoles, 19 de abril de 2023

El binomio víctima-victimario en el matrimonio

La dinámica del matrimonio es compleja y a menudo puede generar conflictos que pueden afectar la salud emocional de cada individuo. Una de las dinámicas más comunes en las relaciones de pareja es la de víctima-victimario, que se refiere a la relación que se establece entre dos personas donde una se siente herida y percibe a la pareja como la responsable de los problemas.

Ser víctima se refiere a sentirse dañado o afectado por las acciones de otra persona, mientras que ser victimario implica ser la persona que causa el daño o el dolor en la otra parte. Esta dinámica es muy común en el matrimonio donde hay problemas de comunicación y de resolución de conflictos.

El binomio víctima-victimario se caracteriza por cinco elementos principales. En primer lugar, la víctima siente que es la persona perjudicada y que su pareja es la responsable del problema. En segundo lugar, el victimario se siente acusado y a menudo se defiende con argumentos que la víctima percibe como hostiles y desconsiderados. En tercer lugar, la víctima siente una gran frustración por no poder resolver el problema, lo que puede llevar a la impotencia y a la sensación de que la situación no tiene solución. En cuarto lugar, el victimario a menudo se siente atacado y puede desarrollar sentimientos de culpa y de rechazo. Por último, esta dinámica suele ser cíclica, y puede perpetuarse en la relación de pareja.

En muchas situaciones, tanto el esposo como la esposa pueden encontrarse en una posición de víctima y victimario al mismo tiempo. Esto se debe a que ambos miembros de la pareja tienen necesidades y expectativas, y cuando estas no se satisfacen, pueden surgir conflictos. En algunos casos, una persona puede sentirse víctima de la relación, mientras que al mismo tiempo, puede estar causando dolor a su pareja. Esto puede llevar a una gran confusión emocional y a una sensación de inestabilidad en la relación.

Aceptar que se es víctima y victimario puede ser un gran desafío para muchas personas. A menudo, se requiere de una gran introspección y de una disposición para hacer cambios significativos en la relación. Para dejar de ser víctima y victimario en una relación de pareja, es importante seguir algunos puntos claves.



En primer lugar, es importante reconocer que se está atrapado en una dinámica negativa y que es necesario hacer cambios. En segundo lugar, es necesario desarrollar una comunicación efectiva y abierta con la pareja. En tercer lugar, es importante trabajar en el desarrollo de la empatía y en la comprensión de las necesidades y expectativas de la pareja. En cuarto lugar, es importante aceptar la responsabilidad de las acciones propias y aprender a pedir disculpas cuando se han causado daños. Por último, es importante trabajar en la resolución de conflictos de manera constructiva, lo que puede requerir la ayuda de un terapeuta de pareja.

En conclusión, la dinámica de víctima-victimario puede ser una fuente de conflicto y de dolor emocional. Sin embargo, es posible dejar de ser víctima y victimario en una relación de pareja si se trabaja en la comunicación efectiva, la empatía y la resolución constructiva de conflictos.


Dr. Guillermo Hernández Lee Coach emocional Contacto

Correo electrónico: guhernan@coachmental.mx


viernes, 10 de marzo de 2023

Sanar a tu niño herido

Hoy recordaba una escena de la película “Historia sin fin” en la que Atreyu pasa por la Puerta Mágica del espejo, esta prueba era la más difícil de todas, porque implicaba verse a sí mismo, ver al niño herido y esto lástima y por ello, hasta el hombre más valiente fracasaba.

Nuestro niño herido es una máscara que construimos en nuestra infancia para defendernos emocionalmente de aquello que nos lastimaba en nuestro entorno y para lo cual no contábamos con las herramientas o estrategias adecuadas. El niño herido nace en el inconsciente y nos acompaña en nuestra vida adulta.

Ese niño herido es paranoico y conspiracioncita, interpreta, juzga y reacciona desde su dolor y su sufrimiento, porque no quiere  ser lastimado, por ello se rebela, muchas veces de forma intempestiva y explosiva, haciendo daño a nosotros y a quien nos rodea y paradójicamente hiere con más fuerza a los que están más cerca, a los más íntimos.

Una vez que pasa la tempestad del niño herido, el adulto se ha de enfrentar a las consecuencias y a diferencia del niño adulto lo hace de forma consiente, por ello el sentimiento de culpa y vergüenza que experimenta y el no poder explicar por qué lo hizo. No sabe ¿Por qué lastimo?, ¿Por qué hirió? Sobre todo, a quien más quiere.

Por ello causa tanto dolor ver al niño herido, porque es nuestro yo débil, necesitado, angustiado y solo, porque nuestro yo adulto no sabe qué hacer y, además, como ya lo hemos dicho carga con una enorme culpa.

Pero ¿Cómo puedo sanar a mi niño herido? La respuesta es fácil de decir, pero muy difícil de construir, parafraseando a San Agustín diremos: conócelo, acéptalo, quiérelo y sánalo. Dentro de ti hay un niño herido que tiene muchas debilidades y defectos, pero también ese mismo niño es el que te ayuda a disfrutar las cosas sencillas de la vida, es el que se alegra de tus pequeños a grandes logros, el que hace tu vida divertida. Ese niño sólo quiere ser visto, escuchado y sobre todo sentirse amado, por ello es necesario que lo aceptes, así tal cual, sin filtros, ni retoques, escúchalo, dialoga con él, dile que lo quieres y que tú lo vas a proteger, para ello es necesario que reconozcas que es lo que te lastima, que es lo que hace que tu niño herido tome el volante de tus emociones y te lleve por callejones oscuros.

Por último, para curar ese niño herido tienes que aprender a perdonarlo, porque no hay otra forma de que te perdones a ti mismo. Asumir como adulto la responsabilidad de lo que ha hecho tu niño herido y pedir perdón, un perdón sincero y profundo. Una vez que perdones a tu niño herido y sólo entonces podrás enseñarle nuevas formas de ver el mundo, pedirle que sea más dócil y que te permita tomar las riendas de tus emociones.


Muy importante, recuerda que es un proceso y que el cambio no lo lograrás de un día a otro, el niño herido es medio terco, pero con paciencia y esfuerzo al final podrás caminar con él de la mano buscando la felicidad.

Guillermo Hernández
Coach personal

viernes, 27 de enero de 2023

Apología de la tristeza

Apología de la tristeza

Parecerá contradictorio hacer una apología de la tristeza en un mundo que busca afanosamente ser feliz. Nuestra cultura ha encasillado a la tristeza junto con el miedo y la ira como emociones tóxicas, por lo que las debemos de esconder. Hay que dejarlo muy claro, sentir tristeza no es placentero, a mí no me gusta estar o sentirme triste, así como tampoco me gusta ver a los demás triste.


Pero hay que tener muy claro que la tristeza es inevitable, es una compañera de la vida humana, por ello tenemos que entender qué es la tristeza, para qué sirve, cómo sobrellevarla, ya que de otra forma será imposible salir de ella.

Podemos decir que la tristeza es la reacción del alma ante las contrariedades de la vida, es irracional, lo cual es muy importante tomar en cuenta, por ello la tristeza tiene una fuerte carga subjetiva, es decir, no depende tanto de la contrariedad en sí misma, sino del significado y el peso que nosotros le asignemos.

Las emociones en general y en este caso la tristeza son un mensaje necesario para nuestro equilibrio psíquico. Es una señal de que algo está pasando y que nos está afectando, por ello, antes de intentar eliminarla debemos de buscar, comprender y evaluar la causa.

A continuación describiré algunos pasos para sobrellevar y superar la tristeza:

  1. Introspección: la tristeza nos indica que debemos parar un momento y reflexionar sobre lo que nos está pasando, por qué estamos tristes, desde cuándo estamos tristes, qué nos puso triste.

  2. Hay que procesar la contrariedad, para poder empezar el proceso de gestión de la tristeza.

  3. Generar alternativas que nos permitan adaptarnos a la nueva realidad y que generen nuevos pensamientos y conductas para recuperar nuestra estabilidad emocional.

Paradójicamente, la tristeza es necesaria para poder ser feliz, ya que la tristeza es el parteaguas que necesitamos en muchas ocasiones para comenzar un proceso de mejora personal.


lunes, 5 de noviembre de 2018

El esfuerzo


Dice el viejo dicho “Si las cosas fueran fáciles cualquiera las haría” y habría que agregar que cuanto más valiosa es la meta los obstáculos serán más grandes  y por lo tanto será más difícil alcanzarla.

Éxito y fracaso son dos caras de la misma moneda, no podemos educar a los hijos para el éxito sin dejarlos fracasar, es un binomio necesario en la formación de los hijos, así como no puede haber padres sin hijos, ni maestros sin alumnos, no puede haber éxito sin fracaso.

La pedagogía del fracaso es quizás más importante que la pedagogía del éxito, pero no pueden ir solas. No  podemos educar a nuestros hijos sólo en el fracaso o sólo en el éxito, sino en una combinación, es decir la pedagogía del fracaso para ser tal, ha de educar para el éxito.

Al ser el fracaso un ingrediente indispensable de la “vida buena” es doblemente importante educar a los hijos en el esfuerzo ya que es la única forma en la que nuestros hijos puedan convertir los fracasos en éxito.

El esfuerzo se define como la energía o el vigor necesarios para vencer los obstáculos o las resistencias en la consecución de la meta y. como se dijo anteriormente, cuanto más valiosa es la meta más grande serán los obstáculos.

Educar en el esfuerzo, valga la redundancia, requiere de un gran esfuerzo, y además que meta más grande tienen los padres sino es educar a sus hijos, el secreto están en enfocarnos en cinco ideas básicas para la educación del esfuerzo:
  1. A los hijos se les ama por lo que son, no por lo que hacen.
  2. Antes de cosechar hay que sembrar, antes de exigir lo más empecemos por exigir lo menos desde pequeños.
  3. Vivir la ejemplaridad ante los obstáculos de la vida.
  4. Enseñar a los hijos a valorar los frutos de su esfuerzo.
5.    No darles todo, sino sólo lo mejor. Dejarlos hacer, dejarlos caer, dejarlos levantarse.

Dr. Guillermo Hernández Lee
gmo.hdzlee@gmail.com
Familia 360º

Vivir y enseñar la virtud de la fortaleza


El Dr. Carlos Llano definía las virtudes como “Hábitos incorporados voluntariamente por el hombre para el desarrollo de sus posibilidades humanas”. Me gusta esta definición porque no sólo nos dice que es la virtud, sino sobre todo nos muestra claramente el fin de toda virtud: el desarrollo pleno de la persona humana.


Para entender la importancia de las virtudes en el desarrollo del ser humano, es necesario saber que todos, absolutamente todos nos movemos por hábitos, sin ellos no podríamos “funcionar” y ahí es donde radica el problema, ya que tenemos que tener muy presente que hay hábitos buenos (virtudes) y hábitos malos (vicios) y que ambos hábitos se van arraigando cada vez más en nosotros.
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De lo anterior podemos concluir la importancia de sumar virtudes, ya que de lo contrario “almacenaremos” vicios, porque es una “ley” que a lo largo de nuestra vida acumulamos hábitos, eso no depende de nosotros, “acumular o no acumular hábitos”, esa no es la cuestión, la pregunta correcta es ¿qué tipos de hábitos incorporamos a nuestra vida? Y lo importante no es la pregunta, sino la respuesta que le demos.

Por ello si un joven o un adulto, no tienen hábitos buenos: hacer deporte, hacer oración, estudiar, hacer lectura, ayudar en casa, etc., necesariamente tendrá uno o varios vicios.

Pero nos falta aclarar que es un hábito, la definición es muy sencilla: la repetición de actos, así de fácil. Por ello hay que preguntarnos ¿cuáles son los actos propios de las virtudes? Ya que ello nos pude ayudar a “fraccionar” la virtud, crecer en ella poco a poco y en el caso de los vicios nos ayuda a entender con claridad que actos malos tengo que ir quitando de mi vida. Bueno, no quitar, sino cambiar por los actos contrarios.

Muy bien, ahora ya podremos hablar de la virtud de la fortaleza recurriré nuevamente al Dr. Llano para su definición: La fortaleza es el “Sostenimiento del apetito sensible ante los bienes arduos”. Dicho sostenimiento del apetito sensible tiene dos actos propios: resistir y acometer.

El primero de ellos es un no dejarme vencer por los apetitos sensibles: amor, sufrimiento, odio, ira, temor, gozo, deseo, etc. y el segundo es un conquistar, es ejercer el autodomino sobre mis apetitos sensibles, de forma tal que sumen al logro de mi perfección. Ambos actos son indispensables para crecer en la virtud, ya que no basta no dejarme llevar por mis apetitos, sino que al mismo tiempo tengo que “sujetar” mis apetitos y llevarlos a dónde yo quiero.

Porque los apetitos sensibles no son malos, lo malo es que se manden solos, porque entonces ellos me gobiernan a mí.

Entonces cómo crezco en fortaleza, cómo hago crecer a mi hijo, a mi empleado, a mi alumno en dicha virtud. Primero identifica el comportamiento que nos hace manifiesta la falta de fortaleza, por ejemplo, un alumno que no hace su tarea, después analizar ese comportamiento y su contexto propio.
Y sobre todo, tu deseo de cambio debe de partir en justicia de la bondad de la otra persona o de ti mismo, no hacer juicios, porque vamos a etiquetarlo como un alumno flojo y entonces toda nuestra actitud tendrá un enfoque negativo. Les aseguro que si le preguntan a su alumno ¿por qué no quieres hacer tu tarea? Nos responderá que si quiere, pero que no puede, le resulta imposible poder hacerla.
Hay que estar ciertos que el hecho de que el alumno no haga la tarea no es consecuencia de ser flojo, sino de sus hábitos, y entonces buscaremos que hábito malo hay que cambiar por uno bueno.

Siguiendo con el ejemplo le podemos preguntar al alumno “¿Qué haces cuando llegas a tu casa? Dímelo paso por paso”. Él nos dirá: “Me siento a comer, me voy a mi cuarto a hacer la tarea y me duermo toda la tarde”. “¿Te duermes?”. “Sí, me resulta imposible no dormir, la cama es una fuerte tentación para no dormir, pero de verdad que siempre digo, nada más un ratito, pero resulta que es toda la tarde”.

Bueno hemos encontrado el hábito a modificar y que lo desencadena. La virtud de la fortaleza es una cuestión práctica, a ese alumno en concreto habrá que aconsejarle (por no decir que prohibirle) que no vaya a su cuarto, ni a la sala, sin hacer la tarea, sino al comedor o al estudio, con ello logramos romper la inercia del hábito y le damos una barrera muy práctica para resistir a la pereza y ahora habrá que llevarlo a acometer el tedio de hacer la tarea, desde llevar una agenda de tareas, antes de empezar da un orden a las tareas, haciendo primero las más difíciles o “aburridas” y después las más fáciles, tener a la mano todo lo necesario, etc.

Y esto lo podremos aplicar a muchas otras cosas, por ejemplo vivir una dieta, salir a correr todos los días y muchas más.

Dr. Guillermo Hernández Lee