Dice
el viejo dicho “Si las cosas fueran fáciles cualquiera las haría” y habría que
agregar que cuanto más valiosa es la meta los obstáculos serán más grandes y por lo tanto será más difícil alcanzarla.
Éxito
y fracaso son dos caras de la misma moneda, no podemos educar a los hijos para
el éxito sin dejarlos fracasar, es un binomio necesario en la formación de los
hijos, así como no puede haber padres sin hijos, ni maestros sin alumnos, no
puede haber éxito sin fracaso.
La
pedagogía del fracaso es quizás más importante que la pedagogía del éxito, pero
no pueden ir solas. No podemos educar a
nuestros hijos sólo en el fracaso o sólo en el éxito, sino en una combinación, es
decir la pedagogía del fracaso para ser tal, ha de educar para el éxito.
Al ser
el fracaso un ingrediente indispensable de la “vida buena” es doblemente
importante educar a los hijos en el esfuerzo
ya que es la única forma en la que nuestros hijos puedan convertir los fracasos
en éxito.
El
esfuerzo se define como la energía o el vigor necesarios para vencer los
obstáculos o las resistencias en la consecución de la meta y. como se dijo
anteriormente, cuanto más valiosa es la meta más grande serán los obstáculos.
Educar
en el esfuerzo, valga la redundancia, requiere de un gran esfuerzo, y además
que meta más grande tienen los padres sino es educar a sus hijos, el secreto
están en enfocarnos en cinco ideas básicas para la educación del esfuerzo:
- A los hijos se les ama por lo que son, no por lo que hacen.
- Antes de cosechar hay que sembrar, antes de exigir lo más empecemos por exigir lo menos desde pequeños.
- Vivir la ejemplaridad ante los obstáculos de la vida.
- Enseñar a los hijos a valorar los frutos de su esfuerzo.
5. No
darles todo, sino sólo lo mejor. Dejarlos hacer, dejarlos caer, dejarlos
levantarse.
Dr. Guillermo
Hernández Lee
gmo.hdzlee@gmail.com
Familia
360º
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